La curiosidad mató al cubo

Curiosity es un proyecto de Peter Molyneux, al que los aficionados a los videojuegos recordarán por títulos como Populous o la reciente saga Fable que se basa en una experiencia colaborativa que se autoproclama “concurso” más que videojuego.

Curiosity
Curiosity: rompe el cubo colectivamente

Hay, en esencia, cubos dentro de cubos, laminarmente. Estas capas, a su vez, están compuestas por cubos que los participantes destruyen tocando con el dedo para desvelar lo que hay por debajo. No es posible afectar a la capa inferior hasta que la superior ha quedado destruida por completo.

Llama la atención el énfasis que se pone en el hecho de que hay criterios de habilidad que el usuario debe dominar, aunque en realidad estos son escasos. De la misma manera, hay que tener en cuenta que cada bloque eliminado suma una moneda, con las que luego podemos comprar petardos o bombas (por ejemplo) para destruir más bloques. Se anunció en su momento que habrá opción de comprar contenidos con dinero real, incluyendo nada más y nada menos que un objeto por valor de 50.000 libras esterlinas. Como no se ha introducido este sistema económico en el juego -todavía, pues a buen seguro llegará con una actualización- no sabemos cómo es exactamente la conversión a euros aplicada, pero con el cambio de moneda actual supera los 62.000 euros.

Al final de todo esto habrá un premio que solo recibirá el usuario que rompa el último cubo y que tendrá forma de enlace a un vídeo de YouTube. Las bases del concurso -por usar el mismo léxico empleado por la compañía responsable- reconocen a ese ganador el derecho a hacer con el enlace lo que quiera: guardárselo para él o difundirlo, pero en ningún caso vender el acceso al mismo.

Pero, ¿es esto un videojuego? Si lo es, no es muy divertido. Se basa en un sistema de repetición machacona en el que hay progreso, sí, pero apenas reto. En muchos sentidos, apostar por llamarlo concurso es una buena opción. En todo caso, sí que es una experiencia que se sustenta en una labor compartida telemáticamente y que permite ver comportamientos humanos que poco nos sorprenden: gente que aprovecha que rompe cubos para dibujar penes, escribir su nombre, etc. Lo mismo que podría verse en cualquier puerta de un baño público, vamos.

Otra parte del experimento es la inversión de tiempo en algo futil a cambio de la lejana esperanza de un premio que, en esencia, será ver un vídeo. Y, al mismo tiempo, cuando esté disponible la posibilidad de pagar con dinero real por objetos del título, será también importante saber cuánto se gasta el personal de su dinero personal en una experiencia colectivizada que no le garantiza nada, ni siquiera -seamos sincero- diversión, aunque sí abstracción y un tiempo de escape: es un pasatiempos, sí.

¿Conseguirá llegar a su objetivo? Lo cierto es que el proyecto no es nada novedoso. El juegoNoby Noby Boy también suma el progreso de todos los usuarios para recorrer virtualmente el espacio exterior. El objetivo era alcanzar los confines de nuestra galaxia, pero por ahora solo se ha recorrido la distancia hasta Urano, más o menos. No es poco, aunque hay que tener en cuenta que el juego lleva dando vueltas por los circuitos desde PlayStation 3 desde 2009, si bien es cierto que cuesta unos 3,99 euros. Por otro lado, es divertido de jugar.

La descripción de Curiosity habla de billones de cubos. Supondremos que no se exagera demasiado y que realmente son billones y no millardos, aunque tanto en una opción como otra es una cantidad muy elevada que a buen seguro va a requerir un tiempo de evolución considerable hasta que alguien elimine el último cubo, si es que el tedio no conquista antes a los usuarios.

Está claro que durante un tiempo el título irá sumando más usuarios, entre curiosos y apasionados, pero el tiempo determinará si se alcanza una masa fiel comprometida e interesada en que el proyecto avance. Ver si caen los ánimos, cómo y a qué ritmo puede suceder es también un elemento importante del experimento.

Y lo más importante. ¿Cuánto esfuerzo y compromiso pondrán los usuarios en algo banal e inútil en relación a compromisos que sí podrían reportar algo positivo al mundo o, al menos, a una parte del mismo? Y que no sea la cuenta bancaria de la gente que firma Curiosity, claro.

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