Tu código es puro teatro

La acotación, la didascalia, es un componente ya intrínseco al lenguaje teatral, al discurso guionizado que paratextualmente -e intratextualmente al mismo tiempo- aporta las claves esenciales de codificación de la acción en escena. Sus mensajes están destinados a los actores, a los directores de escena, que van a trazar la interpretación necesaria de las palabras mediante las claves de descodificación que la acotación aporta. El código informático puede ser prolijo también en estas acotaciones.

Código fuenteHay, sin duda, una estética de la programación. En los diferentes lenguajes empleados en la creación de sistemas informáticos hay una estética lógica, pues son recursos expresivos. Se puede alegar que son lenguajes formales y utilitarios, que no son lenguajes naturales, sino simples herramientas de procesamiento, pero siguen siendo lenguajes. La escritura no es tampoco natural y sabemos bien que nació como una utilidad, una herramienta probablemente contable. Un bien material que trasladaba a un soporte fijo unas cuentas para dejar constancia de las mismas.

Pero el código muchas veces no nos dice nada, no porque no lo conozcamos, sino porque parte de las rutinas pueden ser oscuras, o realizar llamadas a funciones, a otros subprogramas, que están fuera de nuestro alcance. Incluso es posible que lo que se está leyendo en el código no tenga sentido aparente: hay un valor catafórico también en la línea de programación.

Por eso no resulta en absoluto extraño encontrarnos programas que aportan explicaciones, acotaciones que nos dicen qué está haciendo el texto que hemos leído. El programador explica su gramática, la sintaxis empleadas en la composición del código que ha picado en el teclado para que sepamos qué hace, qué está definiendo. Explica la acción: es didascalia. Hay una vocación del autor para exponer la función, completar la información que da el propio código para aportar luz, como el dramaturgo que no solo hace que su personaje diga “adiós”, sin o que además nos indica entre paréntesis que sale. El valor explicativo del paratexto en el código le concede esa magia interpretativa. Lo leemos y visionamos la acción del código, podemos hacernos una idea de cómo es la estética que define el CSS, cómo funciona la rutina de IA de un personaje concreto bajo una circunstancia determinada… todo ello mientras dominemos el lenguaje. Si no conocemos la sintaxis, la gramática del código informático empleado, la comunicación es imposible y esa didascalia es entonces pseudotraducción.

Pero poco de eso hay en realidad. El programador le habla a otro programador, más o menos diestro que él. Le explica por qué ha hecho algo de una manera y no de otra. Qué están haciendo esas líneas. Por qué están ahí y no en otro lugar. Qué sucederá cuando una variable se cambie. El programador es un hombre de teatro cuyos actores son sus programas, sus rutinas, cada vez que se ejecutan. Hay un teatro en el software y, más bien, este teatro está entre visillos, entre la tramoya que hace que sucedan las cosas que se han diseñado.

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