¿Por qué tienen lector pero no compran libros digitales?

“Quiero un libro digital, un lector electrónico. No sé para qué. Porque está de moda. Porque es cool. Porque caben muchos libros que nunca leeré y que desde luego no he leído”. Es prejuicio absoluto, pero -discúlpenme- simplemente no acabo de entender cómo es posible que se vendan tantos lectores electrónicos y luego resulte que un porcentaje elevadísimo de gente no lo haya ni configurado ni usado. Son las consecuencias de ser “el regalo de estas Navidades”, supongo.

Kindle
Kindle, modelo 3G con 9,7"

Creo que un hecho bastante significativo es que en enero se estimaba que un 74% de los consumidores que compran libros no ha comprado todavía ningún libro en formato de descarga, pese a que el 14% de ellos sí dispone de un lector electrónico. Kelly Gallagher especulaba entonces que lo más probable es que hayan recibido el dispositivo como un regalo y que todavía no se habían decidido a utilizarlo.

La estadística no tiene en cuenta los que tienen un libro y han optado por la lectura gratuita, tanto a través de la descarga desde repositorios gratuitos como Project Gutenberg o mediante cualquier otro método que siempre podrá ser discutido en términos de alegalidad, ilegalidad o moralidad.

En cualquier caso, se estima entonces que un porcentaje relativamente alto de poseedores de lectores para libros digitales no son -potencialmente- consumidores activos de libros en ese soporte. Un factor importante es que ha habido cierto éxito de ventas en las últimas Navidades: ya sabemos que cada año las televisiones escogen un producto (una consola, un dispositivo como una tableta, o lo que sea) y lo autoproclaman el “regalo de esta Navidad”, con el consiguiente efecto llamada. No evaluaremos aquí los mecanismos de publicidad que entran en juego y cómo se crea este círculo de creación de necesidades por efecto aureola a través de los noticiarios, pero parece evidente que se mueven muchas cuerdas entre bambalinas.

La tecnología se consume como un bien más, y aunque no podemos descartar que un lector electrónico se haya convertido en el nuevo regalo poco comprometido pero de cierto coste (como las cámaras digitales compactas hace unos años) que está de moda, deberíamos preguntarnos qué sucede en ese porcentaje de potenciales consumidores que no se han decidido a entrar en el ciclo comercial del libro electrónico.

Los sospechosos habituales son los de siempre: complejidad tecnológica y precios. Los precios son fáciles de solucionar, pues responden (o al menos eso nos dicen) a una cuestión de oferta y demanda. Es cierto que la industria del libro ha creado una estructura de precios basado en la charcutería, de manera que un libro -como objeto físico- tiene un precio condicionado por la cantidad de páginas, tipo de encuadernación, calidad del papel e incluso color o calidad de las ilustraciones cuando las hay. Es lógico, pues se trata de una traslación del coste de fabricación al precio final; otra cuestión radica en lo pactado de estos precios de la manera más gremial y sucia imaginable.

El factor de lo complejo que resulta adquirir estos libros es algo que cuesta más superar. Inventos como Librande juegan, de hecho, contra esta facilidad, y las librerías no han sido tampoco muy buenas a la hora de facilitar el acceso a este formato de lectura. Algunas editoriales lo han hecho mejor (en algunos casos hemos hablado de ellas), pero esto no es aplicable a las grandes empresas del sector, que han apostado sus cartas con escaso acierto a modelos de venta poco eficientes y sin ninguna ventaja para el consumidor. Si comprar un libro electrónico es más difícil que buscarlo en Google y bajarlo de donde sea, es que algo han hecho mal. Es la misma torpeza que otras industrias culturales tuvieron antes que ellos y de las que no han aprendido nada. Bueno, han aprendido a echarle las culpas a los piratas de todo, como si la gente que se baja masivamente la última película  de Michael Bay fuera la que se baja compulsivamente una novela. Sobra decir que se aplica también esa falacia que se sustenta en afirmar muchas veces que una copia pirateada es una copia vendida menos (cuando lo más probable en realidad es que esa persona no hubiese pagado jamás bajo ese producto).

Solo con mecanismos más sencillos de venta digital se conseguirá que el mercado despegue y esto debe hacerse sin mediaciones absurdas que entorpecen el proceso, mediante tiendas mal diseñadas y peor planteadas, que no dan fiabilidad al comprador y que emplean abusivos sistemas de protección anticopia que hacen que el consumidor deba temer siempre que su lector, simplemente, no pueda reproducir el libro que ha comprado legalmente. Así es como se crea a usuarios recelosos que difícilmente estarán dispuestos a darte su dinero de nuevo. Eso, y con ediciones infectas llenas de erratas que harían que si el libro fuera impreso se lo tirásemos a la cara al editor para escupirle después… y no hablo precisamente de editoriales independientes o libros autoeditados, sino de algunas grandes compañías que muestran así su cutrerío y estilo charcutero para vender libros, incluso cuando ni siquiera son impresos.

7 pensamientos en “¿Por qué tienen lector pero no compran libros digitales?”

  1. Yo he puesto una obra en descarga gratuita durante un par de días y algunas personas (gente que conozco de ¡Una biblioteca!, que tienen lector electrónico) han preferido no acceder a ella y que se la envíe a su correo, por el hecho de tener que registrarse en la página de amazon.
    Con el tiempo, tendrán que ayudarnos a cruzar la calle, porque la acera está a cuatro carriles de nuestra posición.

  2. Conozco mucha gente que tiene un ebook y lo utilizan con regularidad para leer y que aun no ha comprado un libro electrónico,
    Hay un oferta más que suficiente de libros gratuitos para poder elegir lo que más te apatezca leer, (fuera de los best sellers).

    Quizá en el futuro compren ebooks, no estoy seguro, porque la oferta gratuita es inmensa,pero lo cierto, es que no se ha hecho campañas piblicitarias de comprar de ebook (contenidos de lectura), como las que se han hecho para vender los ebooks (soportes.de lectura).

    No existe demanda de contenidos digitales, hay exceso de oferta gratuita para ello, y si no se provoca mediant campañas publicitarias la demanda de ebooks, no se generar.a sola.

  3. Complicado tema. Estoy muy de acuerdo con el efecto del regalo de Navidades y la imagen de cool que Amazon ha impregnado en su Kindle y en los lectores electrónicos en general.

    En mi opinión, con la industria digital cultural estamos viendo hasta qué punto el mercado está cosificado: estamos acostumbrados a comprar cosas físicas, comprar cosas digitales todavía nos produce cierta extrañeza. En el momento en el que objeto y contenido se han independizado el uno del otro, el precio del objeto se ha mantenido e incluso subido, mientras que el precio del contenido se ha venido abajo.

    Por otro lado, muchos usuarios de Kindle no tienen nada claro hasta qué punto sus contenidos comprados por Amazon son realmente suyos. Duda que tengo: yo tengo un Kindle, donde tengo libros comprados por Amazon y otros que he puesto en mi Kindle primeramente habiéndolos tenido en mi ordenador. Si se me rompe el Kindle actual, podría comprarme uno nuevo y volver a meter los libros que había metido a través del USB de mi ordenador. Pero, ¿qué pasa con los libros que había comprado a través de Amazon? ¿Esos los pierdo? ¿Tengo que volver a comprarlos?

    1. Bueno, esas últimas preguntas son sencillas: los bajas de nuevo y ya está, no es necesario volver a comprarlos porque se han asociado a tu cuenta de usuario. Es el mismo sistema por el que puedes leer en la nube, en el programa para ordenador, el iPad, el iPhone, el Android… pero es cierto que la inmensa mayoría de la gente no lee los términos de uso (y no nos engañemos: están escritos para no ser leídos y, si te pones a ello, que desistas lo antes posible). Ante un nuevo Kindle, en caso de reposición, vuelve a asociarse y en caso de conflicto se elimina la asociación del viejo desde tu cuenta de usuario. Si tienes varios, no recuerdo cuál es el máximo dispositivos en la sincronización de datos, si es que lo hay (diría que sí).

      Sí me parece mucho más preocupante la cuestión de si se le cruza a la editorial retirar el libro por sus santas narices, o si la tienda decide eliminarlo… algo que, recordemos, dio un pequeño escándalo en su momento. Eso sí es muy del Gran Hermano.

      La cosificación del mercado que señalas es cierta, pero ahí creo que estamos en pleno proceso de cambio: será lento y doloroso en muchos casos. Ahora pagamos el objeto, pero estamos empezando a pagar -y ese parece el futuro- por el servicio. A veces da vértigo, pero los que ahora son críos evidentemente tendrán menos reparos que nosotros, que todavía (por muy integrados que estemos) vamos con la mosca detrás de la oreja.

  4. Estoy de acuerdo contigo con el cambio y que nos acostumbraremos. Pero también creo que el mercado convivirá con una gran oferta de contenidos gratuitos hechos de manera voluntaria y altruista, a veces con menos calidad que la de la industria, a veces con igual o mayor.

    Y, en mi opinión, la industria tiene que interiorizar eso y vivir con ello.

    Muy buen post. Abrazos!

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