Arqueología de bytes

Todos dejamos una huella digital, una incluso involuntaria, que está repartida tanto en dispositivos físicos como en la inmaterialidad aparente de la red. La de internet es esa que perseguimos en la forma del derecho al olvido, pero en no pocas ocasiones nos encontramos también con el problema de haber olvidado.

ArqueologíaSi uno piensa en la cantidad de archivos que ha generado a lo largo de su vida en los diferentes ordenadores que ha tenido, lo más probable es que se sienta abrumado. Y si pensamos, además, en los archivos perdidos cada vez que hemos tenido que formatear porque Windows decidió de repente que ya no iba a funcionar, en los discos duros que han decidido dejar dar vueltas, o en los que sacrificamos para hacer hueco a otros más nuevos, nos damos cuenta de que hemos perdido una cantidad ingente de la información que hemos ido generando.

Esto puede incluir fotografías, pequeños archivos de texto con algunas anotaciones, o bibliotecas enteras de documentos en PDF. Es probable que los documentos más valiosos fueran guardados en algún soporte externo, como un disquete, un CD, un DVD, un pendrive… y eso nos lleva a la cuestión de la vida de estos soportes.

Un argumento que podemos leer de manera recurrente es que frente al papel, un disquete nos plantea hoy muchos problemas. El papel pemite la lectura directa sin la aportación demiúrgica de una tecnología de acceso a sus datos (siempre y cuando el mensaje escrito en ese papel esté en un código compartido), y eso siempre es una ventaja, por supuesto. Ya lo dijimos en su momento: al ser objeto cultural y reproductor de manera simultánea el proceso de acceso a los contenidos será siempre más simple.

Sin embargo, no hay una vida eterna en el papel como en ocasiones parece sugerirse: se degrada con una facilidad pasmosa, sobre todo el papel industrial del siglo XX en adelante. Se deteriora, queda ajado y finalmente se descompone. Es parte de su proceso natural y eso implica que los datos contenidos en esos papeles deben ser duplicados y guardados en otro soporte, incluso si este vuelve a ser papel.

No vamos a afirmar que los bits, como secuencias de datos, tengan una vida sempiterna, porque eso sería una falacia terrible ya que dependen del soporte en el que se almacenan, exactamente igual que los contenidos que están en papel. Están sometidos a la vida útil del soporte físico que los recoge, aunque tienen la ventaja de que -como datos- podemos trasladarlos con más facilidad de un soporte a otro, siempre y cuando tengamos el dispositivo demiúrgido de lectura del que hablábamos antes.

Es muy probable que hoy en día no tengamos ya una disquetera en casa, así que es legítimo preguntarse qué hacemos ahora con la vieja información que está en disquetes. Resulta obvio que nosotros mismos tenemos mucha culpa al no haber concedido a la información almacenada en soportes electrónicos la misma importancia que la que se guardaba en papeles. Si lo hubiéramos hecho, antes de deshacernos de esa última disquetera habríamos pasado todos sus contenidos a un CD, por ejemplo. De la misma manera que en unos años deberíamos hacer lo propio con ese CD y pasar sus datos a otro soporte.

¿Puede un disquete haber quedado inutilizado? Por supuesto, de la misma manera que puede destruirse un libro, emborronarse una página, o suceder cualquier incidente que afecte a la recuperación de esos datos. Pero todo esto es en el ámbito doméstico y hay algo que debe ser tenido también en consideración: la gran amenaza de la pérdida de los aparatos de lectura para los viejos soportes informáticos.

Eso no puede suceder en realidad. La tecnología de una disquetera ha sido desarrollada y puede ser recuperada. Supongamos que un bibliotecario, un archivista, un historiador, se hace con los disquetes de cualquier personaje o entidad relevante. Es cierto que no va a tener fácil encontrar una disquetera para leer los datos contenidos en ellos, pero no supone ningún problema intelectual fabricar una disquetera. Puede ser costoso, pero no es menos cierto que se hacen grandes trabajos de restauración en viejos manuscritos para poder recuperar sus contenidos y mantenerlos -como objeto físico- en un estado razonable de conservación. Fabricar un dispositivo de lectura en desuso no tendría más dificultades que recuperar un pergamino.

El gran temor, ese que dice que una carta en papel se podrá leer siempre pero no así un archivo de ordenador, es trasladable también al estricto mundo del software. Los programas se renuevan, si lo pensamos bien, a una velocidad vertiginosa y en ocasiones nos encontramos con incompatibilidades con formatos antiguos. Pero es la misma situación que antes: realizar ingeniería inversa para poder extraer el contenido de un archivo escrito en un viejo formato de software no debería revestir más problemas que recuperar una pieza del mundo analógico y material.

Porque, al fin y al cabo, habrá una arqueología de lo digital. Ya lo hacemos cuando buscamos páginas web que ya no existen en archivos de la red como el Internet Archive, y seguiremos haciéndolo cada vez más en el sector privado y en el público. Recuperar los documenos informáticos de un escritor fallecido será -es- tan valioso como saquear su biblioteca y cajones: es una exploración del pasado digital en la que ya hemos perdido cantidades ingentes de datos porque han sido eliminados de manera voluntaria, como quien tritura un manuscrito. En el reino de lo ligeramente hiperbólico se ha comparado el cierre y destrucción de datos almacenados en Megaupload con una pérdida similar a la de la biblioteca de Alejandría, y digo ligeramente hiperbólico porque está operando un prejuicio sobre la calidad de la información almacenada en esos servidores de internet en comparación con el centro del saber que fue el emblemático edificio de Alejandría. Pero es toda información y, si la perdemos, no podemos saber realmente si era digna de ser recordada. Eso si partimos de la base de que no todo el conocimiento humano debe ser guardado.

Un pensamiento en “Arqueología de bytes”

  1. Confio que nunca deje de publicar contenidos en su sitio web. Este es uno de los mejores blogs he leido. Sólo espero que usted no pierda su estilo porque es definitivamente uno de los mejores.

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